¿Cómo surgieron las puertas de seguridad?

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¿Cómo surgieron las puertas de seguridad?


Hablar de puertas, más si se trata de puertas de seguridad, es hablar de protección y también de cultura. Hablamos de una necesidad fundamental que ha acompañado al ser humano desde el comienzo de sus tiempos en el planeta. Cuando los seres humanos eran enteramente nómadas, no tenían tiempo ni recursos para construir grandes establecimientos, sino refugios temporales que los resguardaran del clima y de animales salvajes. Luego, cuando surgen las primeras comunidades sedentarias, se aprecian construcciones más sólidas y resistentes. En este momento, ya asentados en un lugar determinado, los miembros de una población comienzan a pensar en la seguridad que deben brindar a sus hijos, animales y pertenencias.
Las construcciones primitivas cuentan con un hueco por el cual se garantiza acceso de los habitantes, principalmente, pero también aire y luz. El material más idóneo en ese entonces, y hasta ahora como sabemos, era la madera, por sus cualidades de resistencia y ligereza. Imaginemos puertas resistentes, aunque poco ornamentales. Hasta el momento, la puerta es un elemento únicamente funcional. Posteriormente, aproximadamente 4000 años a. C., se conoce de los primeros usos de la cerradura. Se piensa que fue inventada en China, aunque fue en Egipto, Grecia y Mesopotamia en donde se popularizó. Inicialmente era un mecanismo rudimentario, tan sencillo como una barra que se desplazaba desde la puerta, y se incrustaba en la jamba -el marco- para evitar que fuese abierta desde fuera.
El Imperio romano, además de ser conocido como una gran potencia política y militar durante siglos, también era valorado por tener un alto desarrollo en técnicas de ingeniería y manufactura. Así se notó, entre otras cosas, cuando lograron perfeccionar las cerraduras, creando un juego de llave y cerradura hechos completamente de metal. Las proporciones mejoraron mucho, ya que los griegos y egipcios habían inventado llaves que eran muy grandes y poco prácticas. Sin embargo, la mejor herencia que tenemos de los romanos son las puertas plafonadas. Los plafones, recuadros de madera que se colocaban sobre la lámina de madera que era la puerta inicialmente, marcaron un hito en la historia de la puerta, por su aspecto estético pero económico. Hasta el día de hoy las puertas plafonadas subsisten en muchos lugares. En casas de personas con mayor poder, las casas tenían dos entradas, una puerta exterior más fuerte, que daba paso a un zaguán o pequeña sala, y otra interna que era más estética, y por ésta se ingresaba a los espacios interiores de la casa. Esa puerta externa luego evolucionará en rejas abiertas, con jardines, mucho después en las rejas de seguridad que ahora conocemos.
Tiempo después, comenzaron a ser famosas las puertas tachonadas. Eran puertas con láminas rectangulares de madera, que tenían grandes clavos perforando dichas láminas. Una vez más, se busca una buena combinación entre seguridad y estética. Castillos medievales y monasterios lucieron este tipo de puertas por mucho tiempo. Junto con estos avances, las cerraduras se hacían cada vez más seguras, contando con mecanismos de ranuras y extensiones combinadas entre la llave y la puerta, que les aseguraban mayor resistencia contra intentos de robo. Con el Renacimiento las puertas se revisten de un valor estético muy importante, además de consolidar su representación del estatus social, que ya venían siéndolo desde hace tiempo. Surgen entonces las puertas apeinazadas: eran puertas de madera, que tenían detalles muy elaborados en láminas de madera sobrepuestas a la plancha principal. Se tallaban o torneaban patrones geométricos, que podían ser simétricos o no. Este tipo de trabajos requería un alto nivel de experticia.
Las puertas plafonadas volverán con fuerza a principios del siglo XX, con movimientos artísticos como el Modernismo y el Art Deco. La industrialización y las ventas masivas, sin embargo, le dieron mayor prioridad a las puertas planas, de láminas contrachapadas. Estas sacrifican un poco lo ornamental, en pro del factor económico, por lo que mucha gente sigue apostando por puertas plafonadas o apeinazadas. En este contexto se desarrollan las puertas de seguridad como las conocemos actualmente. Elaboradas con láminas de acero internas, revestidas con madera para brindar la apariencia que las puertas han tenido desde hace más de cuatro milenios.
Como es de esperarse, los avances tecnológicos han favorecido también a las personas que atentan contra el bienestar y el espacio ajeno. En el siglo XX las fábricas de puertas se han visto en la urgencia y necesidad de responder a la creciente actividad de los asaltantes, y así surgen las puertas y rejas de seguridad que hoy disponen de un diseño adecuado a las necesidades de los clientes. Los fabricantes de nuestros días saben que los compradores quieren la confianza en una buena puerta de seguridad, pero también quieren sentirse a gusto con la presentación y el estilo de las mismas. Afortunadamente, contamos con miles de años de aprendizaje y experiencias para llegar al punto en que estamos hoy; ciencia e historia a favor de nosotros y nuestras familias.

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